Manifiesto musical: de la corporatividad, la amistad y la fricción en el oficio musical del siglo XXI

Siempre he creído que la música se hace con y para amigos, o que al menos es una de las herramientas más potentes para construir indisolubles lazos de amistad y complicidad con otras personas. Creo además en la sinceridad de la música, por lo que encuentro importante y necesaria la fricción como prueba de humanidad y realismo en un mundo que exige que todo sea correcto, fluido, perfecto, limpio, puro y diáfano. Es por esto que presento este manifiesto, por el respeto y amor a la música en la que creo, pero principalmente porque si no lo hago me van a estallar los oídos y el nudo en la garganta nunca más me va a dejar tararear una canción.

Respecto al gusto de hacer música con y para amigos, las dinámicas actuales donde los músicos ya no se toman un tinto sino una selfie (porque es clave generar contenido que alimente los insaciables seguidores de las redes sociales que a su vez generarán miles de likes para alimentar la existencia y el ego de quien posteó la foto), donde cualquier tipo de encuentro termina no con un abrazo apretado sino con un protocolo transaccional corporativo donde se intercambian favores para que “tu me prestes tu público y yo te preste el mío”, han hecho del proceso de creación musical un lánguido retrato de la sociedad actual: frio, corporativo y superfluo. Bajo esta perspectiva nada es real. Muchos músicos gastan más tiempo en sus redes sociales que en estudiar su instrumento, en hacer música. Hay empresas que inflan las redes sociales con likes de “bots” para que músicos tengan un endorsement de una marca de cuerdas para guitarra. Muchas “colaboraciones” de diversos artistas se cobran en miles de dólares, con un plazo específico para recuperar la inversión y unos acuerdos canivalescos donde las canciones no son de quien las escribe sino de quien pone la marca. En este contexto los músicos nos vemos obligados a producir a un ritmo frenético, por lo que ya no queda tiempo para el reposo, la relectura, la reinvención… las fórmulas probadas priman sobre la creatividad. El objetivo es producir nuevo material a un mayor ritmo, porque la gente no da espera y si te tardas más de dos años en sacar nuevo material estás obsoleto. Esto me lleva a preguntarme ¿En verdad los músicos del siglo XXI debemos entrar en esas dinámicas corporativas e hiperproductivas privándonos de lo maravilloso que resulta compartir música con otras personas? ¿Cuánto debemos apostar los músicos por seguidores intangibles, imaginarios y/o inexistentes a cambio de realizar el ejercicio básico de hacer música? ¿Es necesario sacrificar la música por procesos productivos insanos y agobiantes?

Mientras leo de nuevo este escrito desde el comienzo (me encanta leer y releer todo lo que escribo y por eso padezco de uno de los más graves pecados del siglo XXI: la lentitud en la producción) me imagino percibido por los lectores como un enemigo de las redes sociales y de las plataformas de música en streaming, un amargado resentido y afligido por su propio fracaso. No me malinterpreten. Por más nostálgico que sea de las “pastas”, los cds y casettes, tendría que ser muy imbécil para ignorar la potencia de las herramientas tecnológicas para artistas emergentes y sobre todo la democratización de recursos que ellas ofrecen. Confieso que los “playlists” me resultan intragables (al escucharlas me siento como si me comiera un plato de frijol con un pote de arequipe), por lo que prefiero los discos que cuentan historias en vez de escuchar sencillos de 3:30 científicamente diseñados para que los oyentes no se cansen y puedan empezar rápidamente un nuevo proceso de consumo. Sin embargo, la idea de que alguien de cualquier parte del mundo potencialmente tenga acceso a mi música resulta como mínimo atractiva. En definitiva, la molestia no es contra las herramientas tecnológicas, es contra la forma en que estas han copado y condicionado cada milímetro de movimiento de los artistas, hasta el punto de que ahora no se sabe qué es más importante, si el artista o el comunity mánager. Buscar el equilibrio debería ser la clave, pero el problema es que en este momento no hay claridad respecto a cuáles son las prioridades.

Pasando a la necesidad de la fricción en la música, es absurdo cómo diferentes estereotipos estéticos, no contentos con joderle la cabeza a media humanidad con el asunto del cuerpo, llegan a moldear lo que debería ser la música. Primero, esta debe ser generada por “humanoides” que no respiran, que no hacen ruido cuando el dedo toca la cuerda, no generan ningún tipo de ruido porque no se mueven cuando graban, por supuesto no desafinan… En resumen, música hecha por semidioses para humanos que esperan de sus referentes la perfección, nada que les genere fricción o que les recuerde que efectivamente no somos perfectos. Para “tapar” esa parte humana existen herramientas de producción que limpian la grabación, dejan la nota en el tiempo y altura perfecta, de hecho, si quieres te reemplazan el sonido de tu instrumento, porque el real no suena bien. Como en los procesos de producción se tienen estas herramientas, algunos músicos ya no se esfuerzan por estudiar, por llegar a la nota o caer en el tiempo preciso porque al final “eso se puede editar”, pero eso si, lo que no puede faltar es la respectiva selfie en el estudio mientras graban. Ha sido maravilloso ver cómo desde los 90 la tecnología permitió que productores caseros empezaran a presentar propuestas de bajo presupuesto con resultados aceptables (de nuevo la democratización de recursos debido al avance tecnológico), pero a mi juicio hoy la balanza se quebró y en muchos estudios de grabación hay más ingenieros que músicos, por lo que los productos musicales tienen más ingeniería que música. Así mismo, siguiendo con la idea de la fricción, el músico del siglo XXI debe ser políticamente correcto, porque en estos tiempos (y países) los músicos están para divertir y no para pensar… no hay cabida para la reflexión, para la crítica. Si alguien intenta alzar su voz, denunciar y posicionarse políticamente está en el lugar equivocado y pasa a ser enemigo de medio país superficialmente radicalizado. Estas ideas me traen nuevas preguntas, como por ejemplo ¿Hasta donde la música debe dejarse encasillar por estereotipos estéticos que terminan castigando a los intérpretes y compositores? ¿Qué uso debo dar como productor e ingeniero a las herramientas tecnológicas, de tal forma que la música siga viva y desafiante? ¿En verdad es necesario que abordemos la música solo desde un enfoque de entretenimiento y nos guardemos para nosotros las dudas, inconformidades y miedos, sin derecho a disentir y reflexionar acerca de la mierda del mundo que se cuela por todas partes?

Considerando estas preguntas, dejo aquí algunos postulados que espero respetar en mi ejercicio de músico, ingeniero y productor.

  1. Antes de la selfie el café.
  2. Antes de postear estudiar.
  3. Antes de editar intentar.
  4. Antes de callar gritar.
  5. Antes de tranzar abrazar.
  6. Antes de tocar pensar.
  7. Antes de producir sentir.

Gracias a quienes llegaron hasta este punto del escrito… imagino que lo debí sacar en módicas cuotas de 280 caracteres para que fuera más digerible…

El que quiera firmar abajo y ampliar estos primeros 7 puntos, bienvenido.

Luis Fernando Hermida.

Los mejores 7 (+2) discos que cayeron en mis manos en el 2019

2019: El año de la intensidad. Lo terminé como Rocky Balboa al final de Rocky II: magullado pero victorioso. Año de cierre de doctorado, de lanzamiento de disco, de ayudar a amigos a hacer sus discos, de recuperación, de reencuentro, pero en general fue un año de mucho aguante. Transitarlo hubiera sido aún más difícil sin la música así que, como cada año, comparto con cariño los sonidos que me refrescaron el alma. Aquí van los 7 (+2) discos que a mi juicio representan las mejores producciones discográficas que llegaron a mis manos en el 2019, pues conjugan muy bien la triada compuesta por música, calidad de sonido y diseño del disco. Como ya es regla, no necesariamente todos los trabajos son editados en el 2019 y su orden no implica ningún ranking. Espero que los disfruten.

París, Lisboa, Salvador Sobral. Si digo que el 2019 fue un año de aguante, pues este trabajo de Salvador Sobral no podía quedar por fuera de mi selección. Es un disco conmovedor y aleccionador, pues muestra cómo levantarse luego de estar en la lona. Impacta desde su primera canción titulada “180, 181 (Catarse)”, donde Salvador cuenta lo que fueron esos días de recuperación luego de un delicado estado de salud del que logró salir adelante. En París, Lisboa (2019) se encuentra un Salvador vivo, grande, sensible y potente, con un acompañamiento muy sólido y con una selección de canciones exquisita. Me cuesta mucho elegir solo dos canciones de este disco para recomendarles, pero me quedo con “180, 181” y “Cerca al mar” (en esta última da una clase magistral de manejo de colores y texturas de voz imperdible).

La travesía de los grillos, Sofía Elena Sánchez. Era uno de esos discos que estaba esperando en el 2019. La travesía de los grillos (2019) trae la historia de los hermanos Hernández, aquellos aventureros que triunfaron fuera del país mucho antes que Juanes y Shakira. El riguroso trabajo investigativo de Sofía Elena trae maravillosos frutos, donde además de seguirle la pista a estos innovadores músicos, logra reunir a importantes artistas nacionales, entre ellos el trio Palos y Cuerdas, Fabián Hernández, Fabián Gallón y mi favorita sobre todos la gran Niyireth Alarcón. El arte del disco es muy bello, fotográficamente bien documentado y la edición que tengo viene con DVD. Palmas para “Sofi” que con tanto esfuerzo ha hecho este sueño realidad. Mis canciones favoritas son “Cadenita de Oro” y “Arre Buey!”

Els Amants de Lilith, Lídia Pujol. Encontré este trabajo por casualidad, escudriñando entre cientos de discos en Madrid, donde en un rincón vi una sección que decía “Cantantes Catalanas” y bueno, amor a primera oída. Els Amants de Lilith (2007) presenta una recopilación de canciones populares que han sido transmitidas oralmente por pueblos de Cataluña, Valencia y las Baleares. Es un disco fuerte, con una estética e intencionalidad bien clara: mostrar la fuerza de las mujeres, documentando los diferentes tipos de violencia a los cuales por años se han visto expuestas. El arte del disco es muy bello y la paleta de emociones que trae Lídia con este repertorio es bien variado: desde lo desgarrador (La Nina I son Germà es durísima) hasta lo mágico e inspirador (Il Somiatruites). Vale la pena escucharlo con tiempo y un buen café.

Vestida de nit, Silvia Pérez. Una de esas cantantes de las cuales soy adicto. Desde que la escuché con Javier Colina supe que era diferente. Dinámica e impredecible, con un dominio total del instrumento, Silvia Pérez es una infaltable en mi discoteca. Vestida de nit (2017) trae una recopilación de canciones acompañada de un quinteto de cuerdas. No necesita de más porque su voz lo abarca todo. Canciones muy representativas de Europa y de América dan fe de la versatilidad de esta talentosa artista. La grabación está acorde a la propuesta del disco: oscura, limpia e íntima. Fotografía impecable… Suerte que lo pude traer para mi colección. Mis canciones recomendadas: “Tonada de Luna llena” y “La Lambada” (que viene en una versión casi dramática, para mi gusto mucho más cercana a lo que dice la letra)

Les voy a contar la historia: Un viaje de retorno a la tierra, Proyecto de la fundación Chasquis y Artistas de la comunidad de las Pavas. Crudo y estremecedor, taladrará incluso los insensibles oídos de aquellos que gritan “duélale a quien le duela”, dejando en evidencia a aquellos “compradores de buena fe». Les voy a contar la historia (2013) relata, en voces de los campesinos de la comunidad de Las Pavas (Bolívar), las memorias de despojo de tierras y desplazamiento forzado a los que fue sometida esta comunidad. Sus letras son francas, sus voces curtidas por el dolor y la esperanza, la grabación está perfectamente realizada, consiguiendo transportar al oyente a los lugares lejanos de esa Colombia ignorada. ¿Qué mejor que escuchar de los propios campesinos las memorias de la violencia colombiana? ¿Quién mejor para cantarlo que ellos mismos? Este tipo de trabajos me recuerda la insensibilidad de algunos habitantes de la ciudad, los que ven la violencia desde su casa y opinan de la guerra como si fuera un juego de video. Las voces que trae este disco son por lo tanto de carácter obligatorio. Las canciones que para mi son más dolorosas, pero recomendadas son “Historia de mi vida” (de Orlando Ospino) y “De aquí no nos vamos a ir” (Etni Torres).

Manga, Myra Andrade. Su voz me suena a piel tostada por el sol, a garganta con sal, a viaje sin terminar. Escucho sus discos y veo todo un proceso. Busca, propone y no se casa con eso que ya le dio frutos. Me enamoré de su trabajo luego de escucharla junto a Hamilton de Holanda y Yamandú Costa en el maravilloso documental acerca de Dominginhos producido por Mariana Aydar. En Manga (2019) Mayra Andrade tiene la sonoridad de su Cabo Verde natal, pero además trae sonidos de sintetizadores e instrumentos electrónicos que amplían sus fronteras y la sitúan a mi gusto como una de las más importantes cantantes africanas del momento. El disco es muy variado, divertido y por momentos reflexivo, personal y “rumbero”. Toda una curva de emociones perfectamente bien hilado. Mis canciones favoritas son “Vapor di Imigraso” y “Plena”.

Orinoco, Cimarrón. Pedazo de disco por donde se escuche y mire. A mi juicio se quedaron cortos los de los Grammy con este trabajo, pues creo de corazón que merecía mucho más. Gracias a un trabajo constante, para mi Cimarrón hace parte de la realeza de la música colombiana. Si existiese un “Salón de la fama” de la música en Colombia, su foto sería un infaltable. Este disco trae la mezcla perfecta entre la tradición llanera y la sonoridad del mundo. Transgresores y arriesgados pero respetuosos, su trabajo los ha llevado a recorrer el mundo y siento que Orinoco (2019) recoge parte de lo que ha sido ese viaje. Como siempre, el canto recio de Ana Veydó es garantía de “piel de gallina” en los oyentes. El arte del disco es magnífico, con unas fotos y vestuario impecables, cuidado en los más mínimos detalles. Realmente un disco para coleccionistas. Mis canciones favoritas son “Ponle Pasión” y “Tonada de la Palomita”.

(+2) El 2019 fue muy especial, porque además dos de mis más queridos amigos lanzaron sus discos. Los discos de Adriana Vásquez y Fáber Grajales van directo a mi corazón, sin necesidad de pasar por ninguna lista. Mi cariño y respeto para ellos y su música. Quiero compartir con ustedes mis impresiones acerca de estos discos.

Algo de mí, Adriana Vásquez. Me conmueve mucho la voz de Adri. La escucho y siento que su voz se mete hasta las partes menos iluminadas de mi corazón. En Algo de mi (2019) Adri se afianza como compositora. Letras introspectivas y profundas, que hablan de búsquedas y dudas que retratan lo que leo como la incertidumbre que trae eso de intentar encontrarse. La interpretación fue impecable, casi todo el disco fue grabado en bloque y sin duda eso crea una atmósfera muy íntima. El diseño es muy limpio, con bellas fotos. Palmas y más palmas para mi admirado Carlitos Taboada “El cubanito”, guardián de la música y del sonido de este disco. Mis canciones favoritas son “Algo de mi” y “Se le escapa”.

Árbol genealógico, Fáber Grajales. Disco de autor, muy conceptual y bien pensado. Árbol genealógico(2019) tiene mucha tela de donde cortar. Desde la canción, Fáber presenta un trabajo variado de composición dedicado a la familia. Canciones para los tíos, la hija, la abuela, los padres… en fin, para todos los gustos. Desde lo musical y lo sonoro le exprime hasta la última gota de sonido a su tiple, procesándolo y mostrando la diversidad sonora de este instrumento. El arte también está muy bien pensado, con un diseño acorde a la temática del disco. Es un trabajo honesto en el que Fabito se deja la piel. Mis canciones recomendadas son “Hoy” y “La espera”, que trae el maravilloso regalo de la voz de mi querida Carolina Muñoz.

NOTA: Dedico estas reseñas a la memoria del maestro Carlos Rojas, director y arpista del grupo Cimarrón, quien deja un legado musical que seguro perdurará por muchos años. Muchas gracias maestro.

Los mejores 7 discos que cayeron en mis manos en el 2017

Al igual que el año pasado, este 2017 ha traído muchos hermosos trabajos musicales que me alegraron la vida, me inspiraron y me impulsaron durante este año lleno de desafíos y pruebas. Presento esta selección como acto de agradecimiento a estos artistas, los cuales a su vez representan el trabajo de muchos otros músicos que se atrevieron a presentar al público su arte. Para todos ellos mis felicitaciones y agradecimiento.

Respecto a la selección (no ranking), debo decir que no necesariamente todos son editados en este año. Además, decidí que para la selección de los discos (léase disco como el objeto físico en el que se realiza la fijación de la música), debía tener en cuenta la triada que los compone: 1. la música (contenido), 2. el sonido (calidad sonora del producto) y 3. el arte y diseño del disco (ilustraciones, fotografía, empaque, etc.) Los 7 discos que presento a continuación son aquellos que a mi criterio mejor conjugan esta triada. Sigue acá mi selección:

Cores vivas, Vanessa Moreno e Fi Maróstica. Este hermoso disco presentado en el año 2016 fue mi gran descubrimiento musical. El dúo de Vanessa y Fi está lleno de virtuosismo, alegría, creatividad y buen humor. En Cores vivas el contrabajo y la voz se mezclan para interpretar las canciones de mi compositor brasileño favorito: el gran Gilberto Gil. Combinación letal en un solo disco. Además, en la segunda parte de este año Vanessa sacó un trabajo como solista que también está buenísimo (no lo incluí porque no lo tengo en físico). Ojalá que los organizadores de Jazz al parque en Colombia los traigan en el 2018… Mi canción favorita “Expresso 2222”.

Voces de Resistencia vol. 1: Cantadoras de Pogue, Centro de estudios Afrodiaspóricos de la Universidad Iseci de Cali. Cayó en mis manos porque lo debía tener (a pesar de que quien lo compró fue mi esposa). Este conmovedor proyecto es un infaltable para los estudiosos de las ciencias sociales, del diseño y de los productores audiovisuales. También debería ser obligatorio para los que quieren guerra desde la comodidad del sofá de su casa en las capitales del país. El proyecto se compone de un documental y un disco con 12 pistas interpretados por los cantadores y cantadoras de Bojayá y Pogue, quienes presentan una serie de “Alabaos”, un canto a capela interpretado tradicionalmente en rituales funerarios en la región del pacífico colombiano. La primera parte del disco tiene un tinte religioso muy fuerte, donde entre plegarias y versos cuentan la crueldad de la guerra que han tenido que vivir los habitantes de esta región. La segunda parte trae peticiones, reclamos y denuncias para los agentes políticos, periodistas y comunidad colombiana. Un 10 para los diseñadores que lograron una identidad en el empaque, los cuadernillos y los cuatro personajes que crearon a partir de la investigación realizada. Felicitaciones a la fundación Ford, al Centro de estudios Afrodiaspóricos y a la Universidad Icesi. Ojalá la vida me permita trabajar en un proyecto de este tipo algún día.

Casa da bituca, Hamilton de Holanda. Otro CD-DVD maravilloso de Hamilton de Holanda, quien pareciera no tener techo en sus producciones. Debe llevar al menos 5 o 6 años seguidos sacando y sacando muy buenos disco. El año pasado su homenaje fue para Chico Buarque y este 2017 el homenaje va dirigido a Milton Nascimento, otro de los gigantes de la canción brasileña. Hamilton y su quinteto celebraron sus 10 años con este discaso, donde además él presenta su voz en grabación por primera vez. Reconocimiento para el productor Marco Portinari, con quien lleva también diez años de éxito, creatividad y “parceria” con Hamilton. Mis temas recomendados son “Bicho Homen” y “Ponta de areia”.

Al aire, Las Áñez. A mí el trabajo de Las Áñez me encanta. Las sigo desde “Silbido”, su primer disco, y en este nuevo trabajo encuentro una exploración sonora más fuerte, expresada en los procesadores y sintetizadores que vienen usando para acompañar sus voces y sonidos corporales. Los duetos que traen son todos muy buenos, pero para mí el mejor es el que hacen con Edson Velandia con la canción “Pensar y pensar”. Sin exagerar creo que debe ser una de las mejores colaboraciones que he escuchado. Genial, me la disfruto cada vez que la pongo. El disco en su diseño es sencillo, con unas fotos muy bien tomadas y un lindo vestuario.

El orisha de las rosas, Magín Díaz. El primer disco como solista del recientemente fallecido Magín Díaz es una pieza de colección. El arte de diferentes diseñadores de toda Latinoamérica para ilustrar las obras del maestro Magín, así como las diferentes colaboraciones, que en su mayoría estuvieron muy acertadas, hacían imposible dejar este disco por fuera de mi selección. Es un gusto tenerlo en las manos. La colaboración con Cimarrón es conmovedora, siempre que la pongo se me escurren las lágrimas, especialmente en el momento en que entra el canto recio de Ana Veydó mezclándose con la voz a veces fragil de Magín. Esta canción me creo un problema, pues para mí el disco se terminaba en esta pista dada la necesidad de tener que repetirla hasta el cansancio. Agradecimiento al maestro Magín por toda su vida y obra. Buen viaje maestro.

Residente, Residente. Luego de un intenso viaje por varias partes del mundo, Residente trajo en este 2017 uno de los discos más exploratorios de este artista, donde se pueden encontrar voces y sonidos que nos pasean por Mongolia, China, Europa del este y África hasta llegar a América. Denuncias y reflexiones son temas comunes en las letras de Residente, pero este disco además trae una hermosa canción dedicada a su hijo. El arte y diseño del disco también está muy acorde a las temáticas tratadas, algo que siempre es muy cuidado por este artista. Mis canciones recomendadas son “Milo” e “Hijos del Cañaveral”.

Ílo Lympia. Camille. Esta fue la última adquisición del año. Otra bella sorpresa. Para mi vergüenza debo decir que no conocía a esta cantante, compositora y actriz francesa hasta mi visita a Montreal hace menos de una semana, donde los queridos amigos Felipe y Andrea me la presentaron. Fue amor a primera vista (o escucha). Este disco, editado en el año 2013, fue grabado en vivo en el teatro Olympia de París y recoge los principales éxitos de la carrera de esta artista. Me llamó la atención su fuerza, el rango amplio de colores y dinámicas por el que puede transitar su voz y el juego que hace con la percusión corporal. En el DVD también se puede apreciar la potencia física con la que cuenta esta mujer. Recomendado para los amantes de la buena música y el espectáculo.

Ñapa o “vendaje” que llaman en mi tierra: Dejo por acá tres canciones que fueron mi banda sonora en este año. “La tempestad” por Buena Fé y Silvio Rodríguez, “Otra vez” de Pala y “El triángulo” de Ilé.

Los mejores 7 discos que cayeron en mis manos en el 2016

Quiero iniciar este escrito diciendo que durante los últimos años he estado totalmente ausente de las tarimas, pero no alejado de la música. Por estos años he estudiado y escrito mucho, pero principalmente he escuchado. Soy un comprador de discos compulsivo. Compro conociendo al artista, investigando quien es y escuchando previamente, pero también compro por sospecha (a veces funciona y a veces no). Dada esta condición de oyente, desde hace unos años he tenido muchas ganas de «postear» algo referente a la música que cae a mis manos (y oídos), solo con el ánimo de compartir lo que me hace feliz y este año por fin he tenido algo de tiempo para hacerlo.

Acá va la selección de los 7 discos que cayeron en mis manos y que acompañaron mi banda sonora durante el 2016. No necesariamente todos los discos fueron editados en este año y el orden en que aparecen en este post no tienen nada que ver con un «ranking». Acá va:

Let’s get lost, Cyrille Aimée. De esta cantante francesa con ascendencia dominicana me gusta mucho su fluidez y espontaneidad, y al escucharla cantar, imagino que lo hace con una luminosa sonrisa. Es fresca, tranquila, pero virtuosa. En este trabajo, editado en este 2016, aparece nuevamente acompañada por dos señores guitarristas (Adrein Moignard y Michael Valeanu) y la versión de «Estrellitas y duendes», del maestro Juan Luis Guerra, es para mi la canción del año.

Canciones internas y de otras partes, Juanita Delgado & Ricardo Gallo. Grabado en el 2014, pero editado este 2016, «Canciones internas y de otras partes” nos presenta el tremendo trabajo de estos dos músicos colombianos, donde Juanita se muestra como una verdadera cantante 4×4. Pasa de «El Mochuelo» a «Txoria txori» sin despeinarse. Cantante cuidadosa con las consonantes, entregada y generosa, que viaja bien acompañada con las notas serias y de gran personalidad que genera Ricardo Gallo. Lindo trabajo de grabación de Marcela Zorro, que viene dándole y dándole a las grabaciones en salas de concierto. Mis canciones favoritas: «El mochuelo» y «Dos de febrero» pero pilas, que si escuchan «El huérfano» sin desayuno y bajitos de defensas los sienta a llorar.

Vendimia, Oriana Medina. Algunos dirán que incluir este trabajo en mi lista es un culto al ego, dado que participé en la mezcla. Sin embargo, debo decir a mi favor que pocas veces, durante mis más de 10 años de experiencia como ingeniero de sonido, me he sentido tan conmovido mientras realizo un trabajo de mezcla. Vendimia, editado este 2016, es bellísimo, sensible, delicado y riguroso. Oriana no pudo tener un mejor estreno y nos presenta una faceta poco conocida de la bandola: la de solista. Mención especial para el trabajo de grabación y edición del maestro Paulo Triviño, amigo querido que comparte conmigo el amor y el cuidado por el sonido. Mis obras favoritas «Danza», del maestro Jesús Alberto Rey y «De algún modo», del querido maestro Lucas Saboya.

Amoríos, Silvio Rodríguez. No puedo decir algo mejor de lo que ya muchos han escrito acerca de este gigante de la canción latinoamericana. Solo escribiré que ha sido tal la influencia de Silvio en mi vida que ahora, como un diabético al azúcar, solo lo puedo escuchar de vez en cuando. El problema es que este 2016 trajo «Amoríos» y bueno… tuve una recaída. Fiel a su estilo, «Amoríos» trae las imágenes poderosas que solo la pluma de Silvio pueden parir y nos presenta en la sección «Exposición de mujer con sombrero» una serie de obras relacionadas con su clásico «Óleo de mujer con sombrero». La ilustración de José Luis Fariñas en la portada del disco es en verdad hermosa y me recuerda por qué sigo comprando discos en físicos y me sigo declarando en rebeldía con las plataformas musicales virtuales… Los trabajos fonográficos son también arte plástico y este trabajo es una muestra de ello. Mis canciones favoritas son «Dibujo de mujer con sombrero» y la nueva versión de «Óleo de mujer con sombrero».

Nha Sunhu, Eneida Marta. Esta artista nacida en Guinea-Bisáu (un país que fue colonia portuguesa por muchos años) canta a la libertad y al amor. Su voz lleva el dolor y alegría de la mujer africana que se hace cada vez más fuerte a pesar del olvido y la apatía del mundo. Nha Sunhu, editado en el 2015, trae esa mezcla entre melancolía y ritmo que solo los cantantes africanos tienen, condimentada por los sonidos de la flauta tradicional africana y las cuerdas del Kora. Pilas que el disco tiene una que otra salsita. Junto con Maira Andrade, Eneida Marta se hizo un espacio en mi rincón de cantantes africanas preferidas (vivas). Mis canciones favoritas son «Amor livre» y «África tabanka povo».

Retrato, Urpi Barco. A punta de trabajo Urpi Barco, Pedro Jackson y Camilo Granados han ido construyendo un trabajo maduro y con identidad. La voz de Urpi no es explosiva, pero si es dulce y tierna y golpea cuando quiere. Una voz que abraza. Se nota el camino recorrido entre «Sueño», su primer trabajo y este «Retrato», principalmente en el sonido de todo el grupo. Las participaciones de artistas como Marta Gómez, Georgina Hassan y Marcelo Woloski son impecables. Mención honorífica para la guitarra de Camilo Granados: a eso le llamo acompañar. Mis canciones recomendadas son «Arrullo» y «Huellas».

Quatrada, Galandum galundaiana. Música congelada en el tiempo con suaves visos contemporáneos es lo que trae Galandum galundaiana con su trabajo «Quatrada», editado en el año 2015. Este grupo lleva más de 20 años investigando acerca de las músicas de las tierras de Miranda, en el noroeste de Portugal. Con algunas canciones cantadas en mirandés, un idioma que hablan cerca de 15000 personas, los Galandum buscan preservar su cultura e identidad trayendo músicas que hablan de fiestas, encuentros y amores, los cuales viajan a ritmo de tambores de cuero, cajas de guerra, sanfona, gaita de fole mirandesa y flautas. Gracias a mi amigo Alexandre Pereira, quien me mostró que así como Colombia no se resume en cumbias, Portugal no solo canta fados. Mis canciones favoritas «Para namorar morena» y «Bebe bino».

Pendientes: Los discos de Palo cruzao, Lucas Saboya y Alexis Cárdenas y El callegüeso y La mamba negra, que no los pude conseguir…

A la espera: Quedo a la espera de los lanzamientos que se vienen para el 2017. De mis amigos Carolina Muñoz, Andrés Correa, Maria Cristina Plata, Duo Villalobos, Luz Marina Posada (Que se anime!!), Paulo Triviño y bueno… el mío. Ojalá este 2017 traiga muchos más trabajos musicales en físico (cd o acetato) para el otro año poder traer una nueva lista. Abrazo y gracias por la vida, el mundo y sus sonidos.